Supuestamente una Vez

Al llegar a Estados Unidos todo cambió.  Teníamos que buscar una nueva iglesia, un nuevo trabajo, un nuevo todo.  Sin embargo, desconocíamos lo que Dios tenía preparado para nosotros.

A mí siempre me ha encantado leer en la iglesia.  ME ENCANTA, me pone nerviosa, pero siempre trato de dar lo mejor de mi.  Así que comenzamos a ir a esta iglesia y anunciaron una feria de ministerios.  Le dije a JP que quería ir a anotarme en la lista de los lectores.  Aquí le llaman diferente, pero así es como siempre yo lo he conocido.

Photo by Sarah Noltner

Así que fuimos, pasamos por todas las mesas mirando y mirando hasta encontrar la que yo estaba buscando.  Me anoté y decidimos dar una segunda vuelta para ver ahora con más calma y más confianza. Nos detuvieron los de la mesa del grupo de jóvenes. 

Me sonreí y le expliqué al que nos habló, que luego nos enteraríamos que era el líder del grupo, que nosotros estábamos casados.  Me miró y me dijo; “yo también estoy casado y tengo tres hijos”.  Me disculpé y le expliqué que veníamos de PR y que allí en los grupos de jóvenes usualmente los casados son los que dirigen el grupo y no los integrantes.

Entonces me dijo que allí no importaba.  Que había de todo, solteros, gente bien joven y otros ni tanto.  De allí salimos con una invitación a una misa de jóvenes que habría el siguiente sábado.  Llegamos aquel día a la misma de jóvenes y lo demás se los dejos para otro ensayo.  El punto es que seguimos yendo al grupo.  Dios no se había conformado en ponernos en un grupo de jóvenes… no, no, no….

Photo by Maria Oswalt

El resumen del resumen es que en cada misa juvenil un grupo se lleva la imagen de la Virgen de Schoenstatt, y hacen el rosario todos los días de ese mes.  Cuando escuché que echarían los papeles de todos los días del mes que nos tocaba la Virgen en una bolsita y tendríamos que sacar uno y ese día nos tocaría el rosario, me preocupé y me preocupé bastante.  Nuestro apartamento en aquel momento era pequeño, no teníamos casi sillas, seguimos sin tenerlas, no sabía como iba a resultar todo.  Recuerdo haberle comentado a JP, que yo iba a ir como a dos rosarios fuera de casa.  No estaba para nada familiarizada en hacer rosarios con tanta frecuencia y mucho menos JP.  Él comentó que sólo iría al que iba a ser en casa, supuestamente una vez.  Dicho sea de paso estábamos sorprendidos porque creíamos que iba a ser sólo una fecha y terminaron siendo dos, una para cada uno.

Nacimos en familias dónde no estuvimos expuestos a rezar el rosario ni con el fervor que hemos vivido acá, ni con la frecuencia.  En mi caso, cada vez que moría alguien sabía que iría a un rosario durante nueve días y luego una vez cada año del fallecido.  En la iglesia lo rezaban todo el mes de octubre por ser el mes del rosario antes de la misa, pero usualmente llegaba cuando iba por la mitad.  Esa era toda mi información.  Apenas me sé el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria, todo lo demás lo tengo que leer.  Sin embargo, no teníamos idea de lo grande que sería nuestra sorpresa.

Llegamos a aquel primer rosario, que no íbamos a ir, o eso creíamos.  La verdad es que JP llegó del trabajo, yo estaba libre, comimos y cuando miro el reloj estábamos súper a tiempo de llegar al rosario.  Porque en mi mente existía la excusa de que no nos iba a dar tiempo a llegar a casa, comer y poder llegar al rosario.  Pues todo eso no pasó, teníamos tiempo demás.  Finalmente nos vestimos y salimos.

Llegamos a la puerta.  Toqué aquella puerta, en dos ocasiones y nadie abría.  Un niño se asomó para ver quien tocaba, pero tampoco nos abrió.  Jamás no abrirían, llegamos a la casa equivocada.   Hicimos una llamada, y llegamos a la casa correcta.  Entramos.

El ambiente de hermandad, la forma, el respeto, los cantos, las imágenes, las peticiones, las risas, el pan, la conversación.  Todo estaba escrito de la manera perfecta en que sucedió.  Estoy segura de que Dios lo había preparado todo de manera tal que nos dejaran con ganas de más.  Fue una noche bonita y aprendimos muchos detalles de cómo se hace el rosario acá.

No les sé decir a cuantos logramos ir.  Fuimos a todos los que pudimos.  Cada vez lo disfrutábamos más.  Las peticiones hacían más sentido, los cantos comenzaban a ser conocidos y descubrí cuan “egoísta” podía ser pidiendo y orando, cuando escuchaba a otros hacer sus oraciones.  Comenzaba poco a poco a ver a María de manera distinta, más cerca, más mía. 

Al mismo tiempo conocía mucho más de los miembros del grupo de jóvenes.  Historias, anécdotas graciosas, sucesos fuertes y dolorosos, pero en fin, la realidad que cada uno está viviendo.  También comencé a probar platos auténticos hechos con manos mejicanas.  Hasta ahora sabía que la comida mejicana me gustaba, pero después de todos esos platos, ahora puedo decir muy segura que ME ENCANTA.  Todo, excepto el chile o pique como decimos los puertorriqueños, estoy trabajando en eso.   

Photo by Elle Hughes

Les decía que estaba sufriendo porque nos tocaba dos días en casa.  Al final terminaron siendo tres rosarios en casa, y no fueron más porque salimos del estado.  El último día en casa vivimos una experiencia extraordinaria.  Algo que no esperábamos y que estoy segura de que todo el que estuvo lo recordará por el resto de su vida.  Aún estoy buscando que nos  quisieron comunicar, por lo pronto sigo disfrutando la manera en que Dios ha estado grande con nosotros.  Fue una experiencia inolvidable.  Definitivamente nos acercamos más a Dios y a su madre María.  También ya considero que podemos llamar al grupo, familia. ¡Gracias por tanto!

Hay veces en las que tenemos que hacer aquello que “creemos” que no nos va a gustar, porque no estamos acostumbrados, porque nunca lo hemos hecho, porque nadie nos lo ha enseñado.  Tenemos que atrevernos, dejar las excusas bobas y ponernos a hacer.  Ahora me pregunto cuantas veces habré perdido alguna bendición tan grande como esta, por creer que no tenía tiempo, porque no estaba acostumbrada o porque no me criaron así. Vamos a atrevernos a probar cosas nuevas, podemos sorprendernos.

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